Cerrando Ciclos - 28-5-2015

publicado a la‎(s)‎ 28 may. 2015 11:38 por Fernando Tugues

     Para todas las personas que formamos parte de esta comunidad educativa, el mes de Junio representa el momento más agridulce del año escolar. Los padres se dan cuenta que ha pasado todo un año desde el anuncio de la promoción de grado/año de sus hijos y también de lo mucho que éstos  han crecido; están felices de haber cumplido las metas propuestas para el año escolar, pero no pueden dejar de sentir un dejo de nostalgia porque sus hijos se están alejando apresuradamente de la niñez que intentan mantener con ellos y se acercan irremediablemente a la etapa en donde necesitan que los adultos les den más espacio e independencia. Para nosotros los docentes no es muy diferente. Hemos sido testigos presenciales de los éxitos de nuestros estudiantes, de sus caídas y de las formas tan hábiles y creativas con las que se levantan después. ¡Y cómo no serlo si pasan ocho horas diarias con nosotros en el colegio! y, aunque ellos ni lo sospechen, nos convertimos secretamente en observadores de su desarrollo, de sus alegrías, tristezas y somos capaces de mover cielo y tierra para no verlos en desdicha.

 

     De esta forma se nos pasa el año escolar, tratando no solo de impartir el contenido de cada una de las materias sino también, tratando de darles herramientas para que se manejen con éxito en la vida fuera del Colegio. Cada uno de nuestros estudiantes es un ser humano precioso, que nos deja cientos de enseñanzas y con cada uno de ellos nos damos cuenta de la magnitud e importancia de la educación en el hombre moderno. Así, cuando llega el final del año escolar algunos docentes y maestros no seguiremos siendo partícipes directos de la formación académica de los estudiantes. ¡Claro! que los veremos en los pasillos y les preguntaremos cómo les va y les ofreceremos siempre nuestra ayuda, pero no tendremos más la oportunidad de compartir con ellos en un aula. Por supuesto que pasar por esa situación nos llena de sentimientos, tristeza y melancolía, pero sin duda alguna también de orgullo y felicidad por haber podido compartir aunque sea un sólo año escolar con nuestros alumnos.

 

     Y así como al inicio de año escolar nos comprometemos con cada uno de nuestros estudiantes a dar lo mejor de nosotros, a tratar de entenderlos como individuos y a guiarlos por el camino que consideramos el mejor, al final del año no nos queda más que agradecerles su existencia y de habernos dado la oportunidad maravillosa de compartir con cada uno de ellos, de conocerlos y de poder formar parte de sus vidas. Con suerte algunos no se olvidarán de nosotros y nos recordarán como los profesores y maestros que les dimos herramientas útiles y sobre todo mucho cariño, comprensión y la oportunidad de brindarles una amistad verdadera y desinteresada para toda la vida.

 Prof. Gabriela Bernal

P.D: Dedicado a todos mis alumnos de segundo año a quienes les agradezco infinitamente la oportunidad de compartir una pequeña parte de sus vidas conmigo. 

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