Tejiendo vínculos

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CERRANDO CICLOS

 

Para todas las personas que formamos parte de la comunidad educativa del colegio, el mes de Junio representa el momento más agridulce del el año escolar. Los padres se dan cuenta que ha pasado todo un año desde que les anunciaron la promoción de grado/año de sus hijos, también de lo mucho que éstos  han crecido. Felices de haber cumplido las metas propuestas para el año escolar, pero no pueden dejar de sentir un dejo de nostalgia porque sus hijos se están alejando cada vez más y apresuradamente de la niñez que los mantiene con ellos, se acercan irremediablemente a la etapa en donde necesitan más espacio e independencia. Para nosotros los docentes no es muy diferente. Hemos sido testigos presenciales de los éxitos de nuestros estudiantes, de sus caídas y de las formas tan hábiles y creativas con las que se levantan después. ¡Y cómo no serlo si pasan ocho horas diarias con nosotros en el colegio! y, aunque ellos ni lo sospechen, nos convertimos secretamente en observadores de su desarrollo, de sus alegrías y tristezas, y capaces de mover cielo y tierra para no verlos en desdicha.

De esta forma se nos pasa el año escolar, tratando no solo de impartir el contenido de cada una de las materias sino también, tratando de darles herramientas para manejarse con éxito en la vida fuera de la escuela. Cada uno de nuestros estudiantes es un ser humano precioso que nos deja cientos de enseñanzas y con cada uno de ellos nos damos cuenta de la magnitud que toma la importancia de la educación en el hombre moderno. Así, cuando llega el final del año escolar algunos docentes no seguiremos siendo partícipes directos de la formación académica de los estudiantes; claro que los veremos en los pasillos y les preguntaremos cómo les va y les ofreceremos siempre nuestro apoyo, pero no tendremos la oportunidad de compartir con ellos en un aula. Por supuesto que pasar por esa situación nos llena de sentimientos como tristeza y melancolía, sin duda alguna también de orgullo y felicidad por haber podido estar juntos aunque sea un solo año escolar con ellos.

Y así como cada inicio de año escolar nos comprometemos con cada uno de nuestros estudiantes a dar lo mejor de nosotros, a tratar de entenderlos como individuos y a guiarlos por el camino que consideramos el mejor, al final del año no nos queda más que agradecerles su existencia y por la oportunidad maravillosa de estar con ellos, de conocerlos y de poder formar parte de sus vidas. Con suerte, algunos no se olvidarán de nosotros y nos recordarán como los profesores y maestros que les dimos herramientas útiles y sobre todo mucho cariño, comprensión y una amistad verdadera y desinteresada para toda la vida.

                                                                              Prof. Gabriela Bernal

A todos mis alumnos de segundo año a quienes les agradezco infinitamente la oportunidad de compartir una pequeña parte de sus vidas conmigo.